Con el 16 de La sonrisa vertical, publicábamos en 1979 un libro titulado Irene de un tal Albert de Routisie. En el prefacio de esa edición, Jean-Jacques Pauvert comentaba, no sin cierta ironía, cómo todavía en plena rebelión del 68 el autor del texto, perfectamente reconocible, se negaba a salir de su anonimato. Hoy podemos decir sin rodeos que se trataba de Louis Aragon, el gran poeta,...







