Desde tiempos inmemoriales, el viajero civilizado suele dirigir una mirada de desprecio o de recelo instintivo hacia los pueblos que encuentra a su paso. Tal vez tome nota de lo que ve y aprenda a conocer a esta gente de costumbres raras e «inhumanas»; y puede que entonces le asalte una idea que enseguida querrá descartar por importuna e inquietante: ¿y si en realidad los bárbaros fuesen...








