“Con la cabeza aún echada hacia atrás, Emanuela rompió a reír, y Aitor devolvió su atención a ella; la risa de Jasy era el sonido que más le gustaba en el mundo, más que el violín de su hermano Juan o el órgano de la iglesia”.
Febrero de 1736. El padre Ursus, superior de la misión jesuítica de San Ignacio Miní, navega por el río Paraná junto a Aitor Ñeenguirú, un niño...




























