Un artista cuya vida entera fue organizada por la música.
A las diez de la mañana de un día de invierno de comienzos de la década de 1950, un chico de ocho años hace la fila en la boletería del Teatro Colón de Buenos Aires. Su familia le confió una misión: conseguir entradas para uno de los últimos recitales porteños de Arthur Rubinstein. Daniel Barenboim, el niño en cuestión, diría...







