Manuel fue acercándose de a poco a la damita de ojos negros, hasta que sus labios comenzaron a susurrarle frases bonitas al oído. Los ojos de Maruja se entornaron y sonrió levemente. El joven americano sí que sabe hablarle a una dama. No me equivoqué. Ahora quiero su cuerpo pegado al mío, pensó.
El primer romántico del Río de la Plata fue un incomprendido. Manuel Belgrano no era militar y...






















