“Se quedaron duros, como petrificados, a menos de tres metros de distancia. Ni siquiera pestañeaban. Rosa, sin soltar la valija, y Rodolfo, empuñando el palo de amasar sobre la cabeza.”
Todos los martes y sábados, el remisero Rodolfo lleva a la anciana señora Susy a visitar a su amiga Graciela, y se cruza brevemente con Rosa, la empleada doméstica.
Rodolfo y Rosa no pueden ser más...









