A veces, los fantasmas están más presentes que los vivos.
En 1892, dos niños, Ponciano, de cinco años, y Felisa, de tres, murieron degollados en los campos aledaños al pueblo de Necochea. Los crímenes, que estremecieron al poder, marcaron un punto de inflexión en el desarrollo de un método de identificación que daría la vuelta al mundo.
Juan Vucetich, un inmigrante dálmata de 33 años...














