En Bodas de sangre una madre sufre por sus hijos. Una novia sufre por su historia. Mujeres enredadas en condenas sociales, en patrones obligados, en reglamentos.
“Vivo sumisa a tí, y lo que sufro lo guardo pegado a mis carnes”.
Yerma no llora, habla y espera. Todos los días y toda la vida espera a que su marido vuelva de trabajar, y a algún hijo que le de sentido a lo que se suponía era...
























