Una historia inolvidable de perdedores entrañables, donde el humor y la melancolía se cruzan para siempre.
Desde que era niño Osvaldo Soriano tenía predilección por los derrotados. Eso explica su obsesión por Laurel y Hardy. La dupla cómica enfrentó el éxito de un titán: Charles Chaplin y, luego, la impiedad de la industria cinematográfica norteamericana. Soriano había visto como la...






















