Al terminar de escribir los poemas de Vidas de gatos los dejé dormidos en su habitación, hasta que, en medio de la noche, me despertaron sus maullidos: ¡los poemas pedían ser canción! Ante semejante insistencia gatuna no me pude negar. Les puse música, y terminé cantando con ellos hasta el amanecer.
Ojalá ustedes puedan unir sus voces a nuestro canto.
Si querés escuchar las canciones de...















